Lucía Cayón Jiménez relata su paso por el Centro de Rehabilitación Psicosocial (CRPS) del Hospital San Juan de Dios de León en su camino para formarse como especialista en Psicología Clínica.

Lucía Cayón Jiménez (Santander, 1992) entró hace tres años en el sistema PIR (Psicólogo Interno Residente), el camino para ser especialista. Así, tras pasar por la Unidad de Salud Mental (Independencia, 16), el Centro de Especialidades de La Condesa, el Equipo de Salud Mental de Infanto-Juvenil de La Palomera, el Complejo Asistencial Universitario de León (CAULE) y el Hospital Psiquiátrico Santa Isabel, se ha formado entre los meses de agosto y octubre en el Centro de Rehabilitación Psicosocial del Hospital San Juan de Dios de León (Panaderos, 2).

En este recurso, que desde 2001 mantiene un concierto de veinte plazas con la Gerencia de Atención Especializada del Área de Salud de León, esta joven cántabra, que cursó el grado en la Universidad de Salamanca (USAL), ha visto la importancia de la atención comunitaria a pacientes con trastorno mental grave.

“Están en un momento en el que puedes hacer mucho por ellos y por su integración sociolaboral”, confiesa sin obviar que “a algunos de los usuarios ya les conocía”. “Es muy gratificante ver que han salido a flote y muestran interés por recuperarse”, apunta tras matizar que “centros como éste ayudan a luchar contra el estigma que pesa sobre estas personas”.

Y es que el objetivo no es otro que proporcionarles aquellas herramientas que les permitan desenvolverse en su medio social de forma autónoma, con los menores apoyos posibles y con la consecuente mejora de su calidad de vida.

Lucía, que destaca el “gran trabajo en equipo” que se lleva a cabo en el CRPS, ha participado en los distintos programas grupales destinados a entrenar a los usuarios en habilidades sociales y autocontrol emocional. Sesiones en las que se ha abordado su respuesta ante situaciones sociales estresantes y se les ha ayudado a identificar aquellos sentimientos ineficaces ante momentos frustrantes.

“Conocer los prolegómenos, los primeros síntomas, evita muchas crisis”, indica asimismo Lucía al hablar de la psicoeducación para conseguir que haya conciencia de enfermedad y, en consecuencia, adherencia al tratamiento.

“Quiero hacer mi último año en la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria (UTCA) del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla y también realizar una estancia en el extranjero”, confiesa Lucía, para quien –hasta la fecha- trabajar con niños y adolescentes ha sido su experiencia más satisfactoria por la posibilidad de hacer una intervención temprana con la implicación de la familia. No en vano, más de la mitad de las enfermedades mentales debutan en la infancia.

Tres veces menos psicólogos que la media de Europa

“Las plazas PIR son claramente insuficientes”, lamenta una joven convencida de que la Salud Mental necesita una mayor inversión y más recursos humanos. Y es que España tiene una ratio de 6 psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes, frente a los 18 por cada 100.000 que tiene como media la Unión Europea. Tres veces menos.

“Es algo que sobre todo se percibe en Atención Primaria. No hay tiempo para volcarse con el paciente y los tiempos de espera entre consulta y consulta se alargan más de lo deseado”, asegura. Así, según puntualiza, es “muy difícil” prestar una asistencia de calidad.

Impacto de la Covid-19 en la salud mental

Un importante porcentaje de las consultas antes de la covid-19 ya estaban relacionados con patologías mentales. Ahora, éste podría aumentar. “La mayoría de los pacientes lo han llevado mucho mejor de lo esperado, pero sí creo que han aparecido casos nuevos. Muchos en gente mayor”, indica Lucía sobre una pandemia que, en sus propias palabras, “nos está afectando a todos”. “Nadie está a salvo de la ansiedad”, según subraya.

El Centro de Rehabilitación Psicosocial en datos

El Centro de Rehabilitación Psicosocial –que aplica en todos sus procesos los criterios de gestión de calidad de la Norma ISO 9001: 2008- recibió en 2019 un total de 30 derivaciones, registrándose un total de 24 altas, con una estancia media de 333 días y un total de 20 ingresos, de los cuales 15 eran pacientes nuevos. Durante el año pasado recibieron tratamiento un total de 44 personas: 21 hombres y 23 mujeres.