Abilio Fernández llama a “vivir la Hospitalidad como testigos creíbles” en la festividad de San Juan de Dios

El responsable del Servicio de Atención Espiritual y Religiosa (SAER) ha presidido la eucaristía en el Hospital San Juan de Dios de León, una celebración marcada por el Jubileo de la Esperanza y el reconocimiento a las personas jubiladas • En su homilía ha subrayado la vigencia de un carisma que sigue interpelando a “ensanchar la tienda” del cuidado allá donde haya fragilidad. “Vivir la Hospitalidad como testigos creíbles”. Con este mensaje que vertebra la celebración, Abilio Fernández, responsable del Servicio de Atención Espiritual y Religiosa (SAER) del Hospital San Juan de Dios de León, presidió este 8 de marzo la eucaristía en honor al fundador de la Orden Hospitalaria, invitando a la comunidad a redescubrir la compasión, la justicia y la entrega como caminos cotidianos para transformar la realidad y sostener la esperanza. En la capilla del centro, hermanos, colaboradores, profesionales, residentes, voluntarios y familias se unieron en una celebración que concluye el Jubileo Hospitalario de la Esperanza y conmemora los 476 años de la muerte de San Juan de Dios, subrayando la vigencia de un carisma que sigue interpelando a “ensanchar la tienda” del cuidado allá donde haya fragilidad. La homilía recorrió las lecturas del día como itinerario de vida. Desde el libro de Isaías, Fernández recordó que la fe auténtica “ha de salir del corazón y ser fruto de una justicia verdadera”; no basta con los ritos si no desembocan en una práctica concreta que “parte el pan con el hambriento” y hace visible la preferencia por quienes más sufren. Ese examen de conciencia —apuntó— toca a la comunidad hospitalaria en su conjunto y se concreta en el modo en que cada persona acompaña, escucha y sirve. En la misma línea, retomó la primera carta de San Juan para subrayar que el amor cristiano “hace bien, crea comunidad y llega hasta dar la vida por los hermanos”, una lógica de don que, en la tradición de San Juan de Dios, se hace carne en el cuidado integral del cuerpo y del espíritu. El pasaje del Buen Samaritano se convirtió en el eje simbólico de la celebración: la parábola, explicó el responsable del SAER, desplaza el centro de gravedad desde el cumplimiento a la misericordia práctica y nos sitúa “al borde del camino”, donde la compasión se vuelve gesto, proximidad y responsabilidad. “El samaritano actuó con misericordia. Anda, haz tú lo mismo”, citó Fernández, para invitar a una hospitalidad capaz de detenerse, curar y cargar con el otro, más allá de la comodidad y de la mirada indiferente. Fue, además, un recordatorio de que la esperanza no es evasión, sino consecuencia de un amor que se pone en marcha y se organiza para servir mejor. En diálogo con la historia y con el presente, Fernández evocó a San Agustín para alentar a la comunidad a no resignarse ante “los tiempos difíciles”: “Tratemos de vivir bien y los tiempos serán buenos”, dijo, porque los tiempos no son un destino ciego, sino el resultado de nuestras decisiones y acciones. En ese horizonte, la llamada a “ampliar la tienda de la Hospitalidad” se concreta en abrir espacios, relaciones y servicios que abracen las nuevas pobrezas —la soledad, la enfermedad mental, la precariedad que deja a tantos a la intemperie— y las nombren con el lenguaje de la dignidad. La celebración se vivió, así, como memoria agradecida y como envío: evangelizar cuidando, cuidar evangelizando, con los pies en la tierra y la mirada esperanzada. Hubo también un guiño explícito al modo en que nos contamos como comunidad en la esfera pública. Acompañado por el padre Binod Joseph, Fernández recordó con humor la reciente “sesión de fotos” del centro y cómo esas imágenes “van a la internet y sus redes”, ampliando nuestra huella digital. Pero lejos de una crítica, la mención fue una invitación pedagógica: las redes no sustituyen la realidad que las sostiene; por eso la “foto de la Hospitalidad” no se captura en un posado esporádico, sino que se compone de escenas pequeñas y repetidas —un pasillo, una mano, una escucha— que, sumadas, dibujan un relato veraz del carisma. La presencia digital, planteó, solo tiene sentido si es coherente con lo que cada día sucede en habitaciones, consultas y salas compartidas, si es espejo —y no escaparate— de una cultura de cuidado que se aprende y se contagia. Entrega de granadas a cuatro trabajadoras jubiladas La eucaristía concluyó con uno de los gestos más entrañables de esta jornada: la entrega de granadas a las personas jubiladas en el último año, símbolo de gratitud por una vida profesional ofrecida a la misión. En esta ocasión recibieron el reconocimiento Montserrat Rodríguez Rivero, técnico de Radiodiagnóstico; María Antonia López Campillo, auxiliar de clínica en Los Arces–Consulta; María Victoria Álvarez Suárez, enfermera; y Anunciación Díaz Pastrana, auxiliar de enfermería. La institución expresó su agradecimiento por décadas de servicio que dejan huella en equipos y pacientes, ejemplo de esa hospitalidad que cuida con profesionalidad y calidez. Este gesto de reconocimiento se ha consolidado con los años como parte de la celebración de San Juan de Dios, integrando la memoria agradecida en el corazón de la fiesta. El tono sereno de la homilía y la participación de la comunidad contribuyeron a una celebración familiar e institucional a la vez. En la capilla, el lenguaje simbólico de la liturgia se unió a la conciencia concreta de una tarea: servir a las personas frágiles con una profesionalidad que integra ciencia y humanidad, protocolos y cercanía, técnica y espiritualidad. Ese equilibrio —se recordó— no es un añadido ornamental, sino el núcleo de una visión que entiende a la persona en todas sus dimensiones y que trabaja en equipo para responder mejor a necesidades complejas. Por eso la hospitalidad es también organización, formación continua, coordinación interdisciplinar y evaluación de procesos; y, a la vez, es gesto sencillo, mirada limpia, palabra oportuna. En San Juan de Dios, ambas cosas se exigen mutuamente para que el cuidado sea verdaderamente integral. Hospitales, lugares privilegiados para aprender a amar bien La festividad de este