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Miércoles 3 de Febrero de 2021

Dos décadas con la lucha siempre en mente

El Centro de Rehabilitación Psicosocial del Hospital San Juan de Dios de León cumple 20 años de labor en los que ha acompañado a 696 personas con enfermedad mental crónica en su proceso de recuperación.
Dos décadas con la lucha siempre en mente

Dos décadas son un mundo a pesar de que, como cantara Gardel a ritmo de tango en ‘Volver’, «veinte años no son nada». El Centro de Rehabilitación Psicosocial (C/ Panaderos, 2) del Hospital San Juan de Dios de León cumplió el pasado 8 de enero cuatro lustros de lucha en los que ha trabajado para intentar derribar esos muros invisibles que parte de la sociedad, todavía hoy, levanta frente a las personas con una enfermedad psíquica poniendo barreras a su recuperación.

En todo este tiempo un total de 696 usuarios, “cada uno de ellos con una historia y unas circunstancias diferentes”, han sido derivados desde la red pública a este recurso que ofrece en régimen ambulatorio distintos programas a la población con enfermedad mental crónica, así como con dificultades de integración social y de funcionamiento personal, familiar, laboral. Todos ellos, según subrayan desde el equipo, “requieren una atención profesional, pero a la vez personalizada y humanizada”.

“Este trabajo ha supuesto un conocimiento más profundo de la naturaleza humana, tanto del sufrimiento como de la esperanza, de nuestra fragilidad y también de nuestra fortaleza, de la necesidad de contar con los demás en los momentos difíciles”, asegura Miguel Yugueros Alonso, psicólogo y coordinador del CRPS.

“Nuestros usuarios y sus familias son héroes anónimos que deben luchar cada día para superar esta enfermedad tan discapacitante y afrontar, a la vez, el estigma y el rechazo social que conlleva”, según apostilla.

En este sentido, Gregorio González, monitor del Centro de Rehabilitación Psicosocial, se pregunta “cómo nos comportaríamos nosotros en esas circunstancias tan complicadas”. “Tiene que ser muy difícil estar ahí”, indica tras confesar que “no hay protocolos ni fórmulas cuando tratamos con personas”. “Lo que hoy funciona, mañana no”, explica consciente de que “después de 20 años hay una cosa muy clara: nos quedan otros 20 por aprender”.

“Mi paso por el CRPS ha sido muy positivo en los distintos ámbitos de mi vida. Ha contribuido a aceptar mi enfermedad mental, pero sobre todo a vivir de una manera normalizada con ella, consiguiendo mis pequeños logros y superándome cada día más. He adquirido mayor confianza en mí misma gracias a la psicoterapia y ayuda de los distintos profesionales. En definitiva, el CRPS ha supuesto una gran oportunidad para afrontar el día a día”, pone de manifiesto una usuaria ya dada de alta.

Desde el ámbito de la terapia ocupacional se intenta facilitar a estas personas que puedan realizar su proyecto de vida, cuidar de sí mismos y disfrutar de su entorno. “No solo es muy satisfactorio ver la evolución de los usuarios, si no el compañerismo y el ambiente que se respira”, afirma Alba Laso que, en sus dos años de experiencia laboral en el CRPSL, se queda con la importancia de “ser un equipo” e “ir todos a una”.

Su compañera Laura Delgado, a la que en 2004 le ofrecieron completar su jornada de trabajadora social en el Hospital San Juan de Dios de León, lo corrobora: “Al principio desconocía al colectivo de las personas con enfermedad mental, pero con el paso del tiempo me he dado cuenta de que, aunque no es un trabajo fácil, puede ser muy gratificante darte cuenta de que, con tu ayuda, apoyo y acompañamiento, puedes lograr mejorar su calidad de vida y su integración en la sociedad”.

Y una de las recetas para el éxito, según puntualiza, es el “trabajo diario” y la “comunicación” entre los profesionales que forman parte de un CRPS en el que las estrategias van encaminadas a que “ellos sean los protagonistas de su propio cambio” y sus seres queridos, cuya implicación es clave, “emprendan un camino de aprendizaje”.

“Cuando llegué al CRPS no me imaginé que iba a encontrarme a otra familia, que me quiere, me cuida y apoya. Gracias a ellos, que son un rayo de luz maravilloso en la oscuridad que es mi vida, voy saliendo de mi soledad y comprendiendo lo que me pasa”, señala una de las usuarias.

“Entrega” y “buen hacer”

Y es que, en palabras de otro de ellos, “resulta difícil explicar la transformación experimentada” tras su paso por el CRPS. “He pasado de ser una persona completamente inútil a valerme por mí mismo en muchas facetas”, reconoce un hombre que agradece la “entrega” y “buen hacer” de un equipo que, por encima de todo, les hace entender que son “seres humanos como los demás, con sus virtudes y sus defectos”.

“Yo le llamaría FRPS, por la F de familia. Los profesionales nos estimulan con sus actividades y ejercitan nuestra mente. Nos llevan en palmitas como un padre a sus hijos”, añade a este respecto un cuarto usuario.

“Cuando desarrollas un trabajo que te gusta, en el que pones todo tu empeño y amor, no solamente te enriqueces, sino que también aumentas las posibilidades de que el resultado de tu función sea de mayor calidad”, sostiene Sacha que, tras 17 años como monitora en el centro, se siente “afortunada” y “agradecida”.

Un destierro a los límites

Al echar la vista atrás en el tiempo, no duda en asegurar que “los chicos son el eje de nuestra labor, además de ser nuestro mejor estímulo e impulso para conseguir que alcancen su máximo potencial”. “Observándoles, escuchándoles y animándoles descubrimos sus fortalezas y les ayudamos llevarlas al límite. Les ofrecemos todo un abanico de recursos con el propósito de que puedan hacer frente a sus limitaciones y adversidades siempre con la intención de que mejoren su autoestima, autoconocimiento, autonomía e integración social para que tengan una mejor calidad de vida”, concluye.